Aprender japonés en Japón: mi experiencia con Go! Go! Nihon

Viajar a Japón se ha convertido en los últimos años en una oportunidad al alcance de cada vez más bolsillos. Si tu objetivo siempre ha sido meramente turístico, es muy probable que te hayas planteado ir con tu pareja, con amigos o con la familia. —Spoiler alert: la gente parece tenerle pánico a viajar sola—. Si tu viaje pasa en cambio por aprender japonés, es muy posible que hayas contemplado la opción de irte en verano, buscar alguna de las muchas escuelas de idiomas en todo el país, o echarte al monte y pegarte un año en Japón gracias a algunas de las fantásticas y envidiables visas Working Holiday que a los mayores de treinta se nos tienen negadas. Por viejos.

En mi caso fue un poco de todo lo anterior.

¿Por qué aprender japonés con Go! Go! Nihon?

Era el año 2014. Venía rumiando la idea de viajar a Japón desde el año anterior, que fue cuando realmente me topé con Go! Go! Nihon buscando opciones para aprender japonés en Japón. Lamentablemente, el cupo de alumnos de aquella edición del curso intensivo de verano ya estaba completo. Esperé al año siguiente. Reservé mi plaza en enero, estuve en contacto con el personal de Go! Go! Nihon para enterarme de todos los pormenores de mi viaje, y recé para que no me estuviesen timando los ahorros de mi vida. Al fin llegó el ansiado 21 de julio de 2014, día en que puse rumbo por primera vez a Japón. Solo.

Antes he mencionado lo de la aparente alergia social a viajar solo por una razón, y es esta. Hago un inciso para animar a todo el mundo que desee viajar a que no espere eternamente a que los demás se le unan.

Veréis, la razón por la que escogí Go! Go! Nihon no fue —inicialmente— por querer aprender japonés. Fue porque me pareció la mejor forma de viajar solo-pero-no-del-todo. Aquel verano tenía claro que era mi año: debía viajar a Japón sin más excusas. No es ningún misterio que viajar en compañía aporta un sinfín de cosas que los viajeros solitarios, sencillamente, extrañan una vez han llegado a su destino. Además, me parecía que Tokio era un lugar lo suficientemente guay como para disfrutarlo con más gente —no es, digamos, como quien se va al Tíbet—. Ya que ninguno de mis amigos podía unírseme en aquel momento, decidí que buscarme una escuela de idiomas era la mejor manera de conocer gente y afrontar mis borracheras mi aventura japonesa de una forma un poquito menos ermitaña.

Porque este es uno de los primeros aspectos que quiero destacar de mi experiencia de tres semanas con Go! Go! Nihon: su carácter social.

Imaginaos un buen puñado de jóvenes de todo el mundo megaexcitados por estar en Japón y absurdamente abiertos a conocer a otras personas y hacerse BFF de cuanta gente puedan y os podréis hacer una idea más o menos adecuada de la sensación que tuve cuando llegué por primera vez a la escuela Akamonkai de Tokio. Un poco como una Erasmus de tres semanas pero sin exámenes y en una de las ciudades con más cantidad de ocio por metro cuadrado del planeta.

La media de edad de los cuarenta y pico alumnos de aquella edición debía rondar los veintidós o veintitrés años, lo cual me hubiese situado en una extraña posición de “tutor espiritual” del grupo si no fuese porque mi aspecto era, precisamente, el de un chaval de veintidós o veintitrés recién cumplidos.

Aproximadamente la mitad de todos ellos eran suecos o italianos. En la otra mitad había mexicanos, franceses, australianos, alemanes, portugueses, algún estadounidense y dos españoles.

Todo lo que dicen sobre la altura de los suecos es cierto.

La comunicación, cuando había un grupo de varias nacionalidades, era por supuesto en inglés. Incluso entre italianos y españoles se hablaba en inglés, lo cual me parece muy triste y siento que debimos hacer el esfuerzo de hablar en nuestras lenguas hermanas, pero la globalización del lenguaje es implacable.

El alojamiento

Sobre el alojamiento que ofrece Go! Go! Nihon y que viene “incluido” en el precio del curso, puedo asegurar que no es para personas exigentes con la comodidad. Los dormitorios están más o menos cerca de la escuela, y constan de habitaciones no mixtas para cuatro-seis personas, con aseos compartidos con el resto de estudiantes del edificio. Los organizadores procuran juntar en una misma habitación a estudiantes que hablan el mismo idioma.

En cuanto al transporte, el año que fui la organización se aseguró de que cada alumno contase con dos billetes sencillos de metro para, al menos, ir y venir de la escuela todos los días, aunque el año pasado una amiga me dijo que ese detalle lo pasaron por alto.

Si en cambio optáis por la opción de alojamiento individual —más cara—, tened en cuenta que no es en los mismos dormitorios que el resto. Se trata de una pensión, situada no muy lejos de la escuela, cerca de la estación de Minami-Senju.

Las clases

Las clases de japonés, como ya he mencionado, eran en la vanguardista escuela de idiomas Akamonkai de Tokio, en el acogedor barrio de Nippori. Estas eran de lunes a viernes de 9:00 a 14:00. Éramos tres grupos separados en función de los resultados de una prueba de nivel que nos pasaron el primer día, pero yo, como llegué tarde a la orientación y además no tenía ni idea de japonés, me fui derechito al grupo de iniciación.

Sobre el sistema de enseñanza en Akamonkai tengo que decir varias cosas nada positivas.

He recibido formación como profesor de español como lengua extranjera y en Akamonkai se ponían en práctica absolutamente todas las contraindicaciones que aprendí durante mis estudios: enseñanza del idioma desde y no hacia la gramática, mayor participación del profesor que de los alumnos, el profesor como centro de la clase, poca interacción entre los alumnos, poca simulación de situaciones de la vida real. En definitiva, poco japonés práctico.

No dudo de que no sea una cuestión específica de Akamonkai sino de todo el sistema de enseñanza del país, así que no me detendré en un asunto que no domino y pasaré a la parte más importante de la experiencia Go! Go! Nihon: las actividades.

Las actividades

Sé por amigos que han viajado recientemente a Japón con Go! Go! Nihon que el sistema para contratar las actividades ha cambiado, de manera que ahora no puedes elegir pagar actividades sueltas, sino packs completos astutamente diseñados de manera que las actividades más atractivas vayan de la mano de las menos excitantes. Pero cuando fui no era así. Había un calendario de actividades que podías elegir pagar o no de forma independiente. Y ahora es cuando me adentro en el esperado asunto de qué ver y hacer en Japón de la mano de Go! Go! Nihon.

Como es evidente, el curso intensivo de verano de Go! Go! Nihon en Tokio no está pensado para gente que ya haya estado en Tokio, ya que lleva a los estudiantes por las zonas más turísticas y conocidas de la capital.

En general, el staff de Go! Go! Nihon —increíblemente amable y atento en todo momento— se aseguró de que disfrutásemos de cuantas experiencias “auténticas” fuesen posibles: cenas en izakaya, sesiones de karaoke, barbacoas en los parques Toneri y Yoyogi, y noches de pub en las que pudimos mezclarnos con los japoneses y practicar el idioma…, o algo así, tampoco me acuerdo muy bien ¯\_(ツ)_/¯

Entre las visitas guiadas destacaría el paseo por el barrio de Asakusa, en concreto por los exteriores del Sensō-ji, el templo más antiguo de Tokio, y la concurrida calle comercial Nakamise-dori, repleta de puestos de “artesanía” orientada al turista. Al final de la calle, a la izquierda, había unos puestos de comida donde probé por primera vez el takoyaki. Pero posiblemente donde más tiempo pases, si vas, sea haciéndote selfies en la famosa puerta de Kaminarimon, con su lámpara gigante de papel con estructura de bambú.

Para visitar Odaiba, la isla artificial de Tokio, los de Go! Go! Nihon tuvieron a bien reservar una travesía por el río Sumida. Sorprendentemente es un trayecto largo, de unos cincuenta minutos, por lo que cuentas con tiempo de sobra para refrescarte con unas cervezas del konbini bajo el inclemente sol de un mes de julio en Tokio.

Odaiba, antiguo bastión defensivo del shogunato Tokugawa para proteger Edo de ataques marítimos, es hoy una pequeña ciudad en sí misma, un resort del placer y la diversión con su propia Estatua de la Libertad, la famosa réplica del Gundam gigante, los estudios de Fuji TV, una miríada de centros comerciales, y una playa artificial donde, si tienes suerte, puedes toparte con festividades como el Umi no Akari Matsuri o “Festival de las Luces del Mar”. Para regresar a Tokio tomamos el monorraíl Yurikamome, que ofrece unas espectaculares vistas del Rainbow Bridge de noche.

Es difícil ir a Tokio y no visitar la Tokyo Tower o la más reciente Tokyo Skytree, lo cual me pareció un poco redundante, pero disfrutable en ambos casos.

Uno de los mejores detalles que tuvo Go! Go! Nihon fue organizar con antelación una visita al codiciado Museo Ghibli en Mitaka. Conseguir entradas suele estar muy jodido, ya que no deja de ser un espacio bastante reducido para la cantidad de gente que está deseando montarse en el gatobús, así que si planeas ir pide ayuda para sacar las entradas lo antes posible.

Las únicas actividades que no adquirí fueron unos talleres de shodō o caligrafía japonesa, y una sesión fotográfica con yukata. No por nada, sino porque quería reservar un día para visitar por libre el Sengakuji, el lugar donde están las tumbas de los 47 rōnin, visita que recomiendo solo si estás realmente interesado en esta leyenda nacional, ya que el templo de por sí no es de los más atractivos de la capital ni mucho menos del país.

Hay una actividad que no recomendaría contratar: la visita guiada por Akihabara. No tiene sentido depender de un guía en un distrito donde deseas disponer de todo el tiempo del mundo para perderte, explorar y calcular cómo vas a meter luego todo eso en la maleta que traes. Pasa de guías. Pasa de grupos numerosos y deja que te explote la cabeza mientras te sumerges en el bastión de la cultura pop japonesa.

El último día, en fin, hicimos un tour imprescindible por dos de los destinos más habituales de quienes visitan Tokio por primera vez: Enoshima y Kamakura. Absolutamente todo en esta escapada de un día es recomendable: desde el paseo en el entrañable tren Enoden hasta el momento de postrase a los pies del Daibutsu o Gran Buda de Kamakura, pasando por asomarse al mirador en la cima de Enoshima para contemplar la península de Miura, cruzar el puente Enoshima Benten que conecta la ciudad con la isla, o pasear por las costas de arena negra de Kamakura.

Si algo descubrí es que Japón goza de playas que quiero disfrutar en serio la próxima vez que vaya.

Conclusiones

Esto es solo un brevísimo resumen de las tres semanas de ir y venir, gastar dinero, probar comida, cantar, perderse y trasnochar que ofrece la experiencia Go! Go! Nihon, si bien al final lo que hagas con tu tiempo libre dependerá de tu capacidad para aprovechar al máximo tu estancia en Tokio.

Estudiar japonés en Tokio puede ser una alternativa interesante —aunque bastante más cara— al viaje turístico de toda la vida, sobre todo si: 1) no te apetece viajar solo, y/o 2) deseas realmente aprender japonés. Las clases en Akamonkai, si bien no son obligatorias, son parte fundamental de lo que yo llamo “la experiencia Go! Go! Nihon™”, una manera increíble de conocer gente nueva y, en fin, si ya las has pagado, qué menos que hacer un esfuerzo y tratar de acumular todo el conocimiento posible antes de tu regreso.

A la hora de planificar tu tiempo libre, recuerda: los días son muy cortos en Japón. Incluso en verano, anochece antes que en España. Los templos y museos tienen horarios muy reducidos que suelen finalizar en torno a las 17:00 h. Si consultas Google Maps para calcular cuánto tiempo vas a tardar en llegar a un sitio, multiplícalo por dos. Hazte a la idea cuanto antes de que te vas a perder. Mucho. Las calles en Japón no tienen nombre, y aunque muchos carteles incluyen traducciones al inglés, la mayoría de cosas, como es lógico, están en estricto japonés. Por suerte estarás rodeado de algunas de las personas más amables del mundo a la hora de ayudar a los turistas desorientados, así que relájate y disfruta descubriendo rincones fuera de los mapas.

¡Dejo los comentarios abiertos para cualquier consulta!

2 Comments

  1. Catriel says:

    Hola Carlos, mi nombre es Catriel y muchas gracias por publicar tu experiencia en Japón, me sirven leer historias de viajes ya que pronto tengo pensado ir con Go Go Nihon a estudiar 1 año.
    Te hago una consulta, tuviste que pagar algun seguro de viaje para estar allá? No se si viene incluído en el paquete pero tengo entendido que son caros.
    Desde ya muchas gracias.
    Saluda atte. Catriel

    1. Carlos Ramírez says:

      Hola, Catriel. Muchas gracias por leer la entrada. Efectivamente, el paquete de Go! Go! Nihon no incluye ningún seguro. Eso debe resolverlo cada estudiante por su cuenta. No recuerdo cuánto me costó el mío, pero por tres semanas no fue caro. Para un año imagino que sí será un desembolso importante… pero yo no lo dudaría y lo pagaría. ¡La salud es lo primero! 🙂 ¡Un saludo!

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